Dormimos bastante bien. Bajamos todos a desayunar a la plaza de al lado de la frontera. Zebur nos ha recomendado un sitio, pero está vacío, así que nos sentamos donde hay más gente y pedimos varios tipos de khachapuri para probar. Graso error: no están frescos y, tal vez por eso, yo acabo todo el día con dolor de barriga.
Carmen e Izaro tienen ganas de pasear y se van andando hasta Gonio, el pueblo anterior, donde hay una fortaleza no sé si romana. Agata y yo queremos playa, pues en Irán poca vamos a ver, así que nos pasamos el día leyendo tirados en sendas tumbonas y bajo una sombrilla, que yo no me encuentro bien y necesito comodidades. No como nada en todo el día, aparte de un puñadito de avellanas.
Por la tarde me duele muchísimo el estómago y me meto en la cama antes de que anochezca. Tengo 38ºC. Agata va a preguntar a los dueños si tienen algo para estos casos, y (por lo que me ha referido) ahí empieza un interesante debate sobre mi barriga, lo que produce y lo que deja de producir (y la verdad es que lleva varios días poco productiva), que acabará implicando a medio vecindario. El consejo decide que lo que me hace falta es... agua con gas (el agua georgiana es bastante medicinal, con su alto contenido en bicarbonato; bueno, no lo he estudiado, pero sabe a bicarbonato y produce unos eructos tremebundos). Así que Agata me trae una botella, me tomo unos tragos, pero me duele más todavía. Al final consigo dormirme, mientras Carmen e Izaro dan buena cuenta del vino prometido por Zebur.
No hay comentarios:
Publicar un comentario